Loren Arkotxa, Xabier Alegria, Camino Mendiluze, Iñaki Olalde Representantes de Euskal Herritarrok en Udalbiltza
Carta abierta a todos los cargos electos de la primera Institución Nacional de Euskal Herria
La clave del clima y de la oportunidad política abierta en el verano del 98 fue, sin duda, la voluntad de poner en marcha un marco político para toda Euskal Herria. Una voluntad apalabrada entre las fuerzas abertzales. Y como motor de este camino, se planteó la creación de una institución nacional basada en la representación municipal, superando en la práctica la partición territorial de nuestro pueblo.
Tuvieron que transcurrir cinco meses para que el 6 de febrero de 1999 se diera el primer paso para su creación. Pero la asamblea de Iruñea no tuvo continuidad. Nuevamente tuvieron prioridad los preparativos de las elecciones, y principalmente, un acuerdo en el seno del Parlamento de Gasteiz. La nueva institución se presentaba como caramelo necesario a ofrecer a cambio de un proceso de paz, y como pista de aterrizaje de EH.
Tras innumerables retrasos provocados desde las direcciones de PNV y EA, el 18 de setiembre se conformó por fin Udalbiltza. Pero tras una apariencia grandilocuente se ocultaba un año perdido de trabajo. La imagen de fuerza y esperanza visualizada en el Palacio Euskalduna no tenía base firme, y lo que es peor, ni voluntad de superar en breve los vacíos producidos hasta la fecha.
Los compromisos y labores adquiridas por Udalbiltza ese día no eran moco de pavo. Realizar un diagnóstico real para el conjunto de Euskal Herria, trabajar la identidad nacional, situar a Euskal Herria ante el mundo como pueblo con voz propia, reforzar el trabajo en común entre los representantes municipales... Y todo ello trabajando conjuntamente con los movimientos sociales.
Las dificultades estaban claras desde el principio. Una institución formada por alcaldes y concejales iba a tener problemas de dedicación, de infraestructura y de recursos mínimos para asegurar un funcionamiento digno.
Llegó el final del 99 sin que se dieran pasos para conformar los grupos de trabajo, faltaba la concreción de los proyectos iniciales, no había sede ni personal que garantizara una capacidad de trabajo. El presupuesto era un fiel reflejo de estas carencias: 400 millones de pesetas, el abismo existente entre las palabras y los hechos.
Este recorrido se ha complicado más si cabe en el 2000. Desde que ETA anunciara y llevara a la práctica el final del alto el fuego, las direcciones de PNV y EA se han negado a cumplir los acuerdos consensuados en Udalbiltza. La asamblea prevista para febrero primeramente se retrasó, para finalmente quedar suspendida «sine die». Se rompe con la práctica del consenso en el Comité Directivo y se impone la práctica de la mayoría/minoría, y ello para poder aprobar declaraciones institucionales elaboradas por ambos partidos. No se elabora un reglamento interno, no se garantizan los derechos de los miembros... Hay que borrar cuanto antes Udalbiltza del escenario político.
Así y todo, tanto PNV como EA se reafirmaron en el compromiso de seguir trabajando dentro de Udalbiltza. Siendo así, acordamos los siguientes mínimos a principios de verano: garantizar la entrada de los 400 millones de presuspuesto y poner en marcha un plan de gestión concreto, abrir las sedes de Iruñea y Donostia, y la contratación de 9 trabajadores. Se fijó el 31 de Julio como fecha tope para que los municipios tramitaran sus obligaciones y sus aportaciones económicas.
Pero la situación, a día de hoy, es radicalmente diferente. Los municipios con alcaldía de PNV o EA no han tramitado casi en ningún caso su aportación económica. Las partidas aprobadas por las Diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa, y por el Gobierno de Gasteiz permanecen secuestradas. Se niegan a poner en marcha el proceso de contratación de personal. Todavía no se ha concretado cuál puede ser la posible sede de Donostia.
Balance
A modo de balance, es evidente que ha habido una voluntad clara por parte de PNV y EA para que Udalbiltza estuviera cada vez más limitada, que cada vez fuera menor su incidencia, como si hiciera sombra a las instituciones emanadas de Gasteiz. Lo mejor para ello es que Udalbiltza no sea eficaz, que no sea una verdadera institución, no abrir la posibilidad del debate, garantizar su sumisión a la decisión de los partidos.
Tanto en los meses en los que duró el alto el fuego, como tras su finalización, Udalbiltza ha sido una herramienta utilizada en favor de un proceso de paz situado dentro de los límites del actual marco. De ahí el retrasar continuamente los plazos, no presentar apenas propuesta alguna, y retrasar asimismo las propuestas realizadas desde EH, el no tomar decisiones, no hacer públicas las pocas resoluciones adoptadas, los problemas para poner en marcha la comunicación con los agentes sociales....
Reunión tras reunión, y pese a la buena voluntad de algunos de sus representantes, hemos podido observar cómo PNV y EA no han apostado nunca por la creación de una institución nacional y soberana, no han sentido Udalbiltza como un arma de confrontación democrática ante la imposición española y francesa, no han querido plasmar una institución nacional valedora de la palabra de Euskal Herria.
Por eso se le han cortado piernas y brazos a Udalbiltza desde el principio. Todos y todas hemos podido observar cómo su creación superaba la actual partición de nuestro pueblo y suponía el propio ser de Euskal Herria como pueblo, con que violencia dialéctica respondían Madrid y Paris, porque nos plasmaba como pueblo. Porque en definitiva Udalbiltza es capaz de abrirnos un futuro desde el reconocimiento de nuestro pueblo y desde la capacidad de utilizar ese reconocimiento para construir una verdadera democracia.
Es por esto que, aunque pequeño, cada paso tiene un valor cualitativo, nuevo, un paso que deja en entredicho los límites del actual pacto estatutario. Un paso que nos pone a todos y todas las abertzales mirando a Euskal Herria, lejos de Madrid y Paris, en su totalidad y en su pluralidad, sabiendo que de antemano tenemos grandes posibilidades y grandes dificultades.
También sabemos que de poner en práctica lo escrito en Udalbiltza, no solamente el ataque mediático del estado, sino que el ataque judicial también llegará, que sufriremos en nuestra propia carne la evidencia de que aquí todos los proyectos políticos no son posibles.
Por lo tanto, no podemos hacer trampa a la hora de hacer balance. Ha habido errores graves por parte de todos. Si queremos sacar adelante Udalbiltza necesitamos mucha más inversión y mucha más agudeza. Pero para ello es necesario coger al toro por los cuernos, y el toro es la apuesta política. Sin excusas falsas. Porque el intentar eludir la confrontación democrática que supone crear un marco nuevo que respete la realidad de Euskal Herria como pueblo, y desactivar el motor de ese camino, que no es otro que Udalbiltza, ha sido la razón que ha dado al traste con el alto el fuego que se abrió en el verano del 98. Y no al contrario.
Por lo tanto, el balance de estos dos años es muy grave a nuestro entender. Este balance deja además el amargo sabor de haber dejado perder la oportunidad de apartar del camino la expresión armada vasca del conflicto, y refleja, asimismo, la necesidad de reforzar la apuesta política hacia un nuevo marco.
PNV y EA deben de aclarar de una vez por todas su proceder para con Udalbiltza, si van a cumplir o no lo aprobado: el plan de gestión, las sedes, la contratación de los trabajadores, la aportación económica de los municipios que gobiernan, las subvenciones aprobadas por las Diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa y por el Gobierno de Gasteiz...
PNV y EA se aferran a la legitimidad de su mayoría. Siendo así, deben responder ahora a esa responsabilidad. Si el único problema existente es el posicionamiento de EH ante algunas expresiones de violencia (o eso es lo que repiten constantemente), deben de garantizar ellos las funciones y el propio funcionamiento de Udalbiltza. ¿Cuál es si no la verdadera razón de no dar ese paso? ¿Que la presión mediático-política no va a disminuir? ¿O acaso es que no van a ser capaces de ocultar, con EH excluida, sus constantes dejaciones?
Conclusiones
No podemos repetir los mismos errores cometidos en estos dos años. El llevar a cabo los compromisos adoptados en Udalbiltza, compromisos fundamentales para la subsistencia de nuestro pueblo, no permite que sus integrantes nos mantengamos en una posición de meros espectadores, no podemos dejar para mañana el desarrollo de un instrumento tan fundamental para el desarrollo de Euskal Herria.
Debemos de garantizar el trabajo en común entre las y los electos abertzales. Debemos poner en marcha dinámicas concretas que respondan a las graves necesidades de nuestros pueblos y nuestros ciudadanos y ciudadanas. Debemos defender y garantizar el desarrollo del plan aprobado en Udalbiltza, por escaso que este sea.
Para ello debemos exigir los derechos y asumir las responsabilidades que la primera Institución Nacional de Euskal Herria de la era moderna nos ofrece y exige. Debemos organizarnos de forma eficaz, porque la situación de bloqueo que nos han impuesto las direcciones de PNV y EA no tiene justificación alguna. No por lo menos mientras persista la situación de negación y de partición impuesta que día a día sufre Euskal Herria. *
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